Fútbol

10/10/12

No he jugado nunca al fútbol, ni sigo la Liga ni nada de eso. De hecho no sé distinguir un penalti de una falta… por no hablar del fuera de juego, ese misterioso desajuste de jugadores que nunca has visto pero sabes que existe como Teruel. Vamos, que podría confesarme larga y abiertamente antifutbolera militante en cualquiera de sus tipologías… Peeeeero ahí estaba yo. ¡Ahí! Dándolo todo. Haciendo gala de la propiedad camaleónica que toda madre posee y que nos permite ser cocineras, pediatras, choferesas, profes, contadoras de cuentos, magas… o hinchas de fútbol. Todito en un mismo día. Que oye, es pisar el campo en el que juega tu hijo (tu hijo el que ayer gateaba) y te salen de inmediato tres rayajos de colores en la cara, una bufanda en el cuello y una vuvuzela en cada mano.
 
Ahí estaba. Adorando el césped artificial que con gracia y donaire pisaba mi pequeña promesa de este deporte en lo que más bien parecía una loca persecución gallifante del esférico.  “¡Penalti!”, gritó el profe sobre una melé de 12 niños de 4 años encima de un balón. Como para no serlo. Ese lo vi clarísimo. Quitando eso y el saque de banda en pandilla (saca uno y los demás le acompañan), creo que vamos bien. 

Si un día llega lejos no me deberá más que el plátano y el bocata que le meto en la mochila, porque en realidad es su Nono quien se ha metido hasta la portería en este fregao. Yo por si acaso he sacado unas fotillos de sus primeros chutes. Para que no se diga.




El tamaño sí importa

13/2/12

Queridas madres y padres de este mundo y de los demás, que ya lo sois o estáis a punto de serlo pronto… creedme si os digo que... el tamaño SI importa!! Y mucho. Algo tan elemental, sin embargo, no sobreviene a tu entendimiento así porque sí. No. Lo descubres un buen día al llegar a la puerta del colegio cuando veis (tú y el coro de padres que vigilan a sus retoños desde la entrada) a tu hija mayor alejarse caminando alegremente con los tobillos asomando bajo una talla 3 de pantalón.
Importa y mucho. Y es inversamente proporcional al número de neuronas que se te han despertado por la mañana. A saber: a mayor número de neuronas dormidas o durmientes, mayor probabilidad de que le coloques a la mayor el pantalón del chándal del pequeño y viceversa sin que tu psique se inmute ni una mijita.
Al contrario, las otras neuronas, las despiertas, tratarán de avisarte en repetidas ocasionas, pero tú ni caso. En plena maratón matinal sin premio para las madres más rápidas, tu subconsciente (esa parte de ti que a veces te gasta putadas) responderá con evasivas alegando que la mayor ha dado un estirón  y remangando resolutivamente el bajo del pequeño con tal de salir pitando. ¡Hala! Que total, lo importante es ganar la carrera, da igual el aspecto que tengas al alcanzar la meta.

Y entonces, sólo entonces, cuando desde esa puerta abarrotada de padres ves a Steve Urkel en versión rubia distanciarse unos metros de ti, te giras con el susto ya todo él reflejado en tu careto para confirmar que tu otro hijo, al que en 2 minutos tienes que entregar en la puerta del otro patio, va vestido de payaso colegial.  

Menos mal que las cuidadoras del cole también son madres, y por tanto magas, y en un periquete te ayudan a devolver a cada niño a su tamaño original de pantalón y a su fila. Justo a tiempo de empezar el lunes con buen pie. Y pierna.

El globo

7/10/11

Hace varios días que quiero escribir sobre el nuevo huésped que convive en armonía con nosotros desde hace como mes y medio. No es para menos, creedme, pues además de convertirse en un enrollao compañero de piso al que dar los buenos días cuando irrumpe en la cocina mientras tú mojas la madalena en el colacao, se ha revelado todo él como una metáfora de la vida misma.

Reconozco que cuando los niños lo trajeron a casa, directamente rescatado de la graduación de P., y se instaló en el techo del salón prestándose a acariciarnos la sesera con su cuerdecita larga, no me hizo mucha gracia.  Éramos pocos y parió la abuela, pensé. A puntico que estamos de tener que hacer cola para entrar al salón por turnos y ahora viene éste a quitarnos metros. Y no metros cuadrados, nooooo, ¡metros cúbicos! Habrasevisto.

Así que discretamente y no sin la malicia de madre con cuernos, rabito y tridente que a veces me caracteriza, lo arrinconé junto a la ventana. “En un par de días”, cavilé, “con el solecito el helio pierde fuerza y este pobre se arrastrará sin remedio por el suelo, donde sin duda acechan los peores enemigos que todo globo pueda imaginar”.

Pero nada más lejos. No sólo no agachó un milímetro la cabeza el muy osado, sino que nos espero en paciente y oscuro silencio durante todo el mes de agosto hasta nuestra vuelta de vacaciones, momento exacto en el que yo di el típico chillido de madre sorprendida por fenómeno paranormal.

Estas son las cosas que suelo hacer para no perder mi esencia de madre, pero la verdad es que no me asusté ni chispita al entrar maleta en mano y verlo ahí erguido esperándonos, todo él henchido (e hinchado en este caso) de helio. Y es que un mes antes yo ya sabía que iba a quedarse con nosotros hasta el fin de sus días. Lo supe la mismita mañana en que, volviendo de dejar a los niños en el cole, me vi agarrada al volante con una mano y apartando con la otra el cabezón de goma blanca que pugnaba por hacerse con mi sitio. ¡Con mi volante! Que por ahí sí que no paso, ¿eh? Pero es que luego me ablando y me ablando… y así me va.

Caminito para casa que nos subimos los dos juntos en el ascensor, escondida yo, eso sí, tras mis gafas de sol y la gran capucha de la sudadera. Y desde entonces aquí está. Los niños no pueden vivir sin él. No ha vuelto el pobre a salir a la calle, lo vemos ya mayor para andar de paseo. Y sospecho que esta reclusión comienza a pesarle tanto como a algunos de los compis de mi abuela en la resi, pues son ya varios los intentos de huida que hemos conseguido abortar (el último desde el tendedero de la vecina de arriba, donde se quedó enganchado en la fuga). Y eso que como digo ya le fallan las fuerzas, pero es que es ver la puerta del patio de la cocina abierta y para allá que va. A su ritmo, pero va.
De hecho, si sientes una extraña presencia en el pasillo, con toda seguridad es ÉL, que está calibrando hacia dónde van hoy las corrientes, para intentar levantar el último vuelo.

¡A la playa!

19/4/11

Es una broma, claro. Gritar a los cuatro vientos (sobre todo vientos, sí) que te vas a la playa mientras en el mapa del tiempo dos nubes negras se hacen pipí sobre tu destino y un tímido sol asoma el cogote por detrás jugando al despiste, es lo más parecido a una broma pesada. Tan pesada como el sol que durante dos semanas se ha esforzado por tostarnos como kikos a mis hijos y a mí en el arenero del parque, mientras sudábamos un poquito y soñábamos con esa playita prometida que vería desfilar nuestro avance moda-baño-verano-2011 y nuestras carnes blancas aún en plena operación bikini.
Descartado el look pareo, adopto este titular para referirme a esa otra operación que en los próximos días pondrá el campamento de la familia pocoyo (me pido Eli), y hasta nuestras propias almas, patas arriba para recorrer los kilómetros que nos separan de la costa y de una querida parte de la familia.
El objetivo es llegar, claro está. Pero no de cualquier manera. Nos esforzamos mucho, mucho, mucho, palabrita del niño Jesús, en que sólo parezca que venimos para cuatro días y no a hacer un traslado domiciliario. Pero no es fácil. Y eso que una semana antes ya me pongo en modo practicalmother y me repito como un mantra, cada hora, que en el resto de Europa hay familias enteras que viajan con un macuto para seis, perro y abuela incluidos. Mi santo, como ya me conoce y es mucho más práctico que yo, baja del trastero el juego completo de maletas más cuatro bolsos auxiliares y la bolsa de aseo kingsize. Ya delante del armario me insisto a mí misma en que con un chándal por niño van zumbando. Y que en nuestra playa, no se me mete en la cabeza, también hay farmacias donde venden el apiretal y muchas más cosas. Pero entonces llega el momento “porsi”. Mira que la semanasanta es mu puñetera y tan pronto se te congela un niño por no haberle puesto body, como se te derrite el otro porque tú, madredespistada donde las haigan, te dejaste las sandalias fresquitas en el zapatero. Y así te va. Pero la experiencia, que siempre es un grado, me ha permitido elaborar este listado de lo que nunca falla:
Para los niños: Échalo todo, no te cortes. Échalo y presume de los modelitos que TÚ has elegido, antes de que los pantalones “culoalaire” o las camisetas Justin Bieber pueblen su maletas. Mete la mangacorta, la mangalarga, la manga a la sisa, la manga francesa y hasta la manga pastelera si quieres. Luego siempre pueden hacer allí una tarta para la familia. No olvides el abrigo y los bañadores, la crema solar, la de los mosquitos, el gorro de sol y el de lluvia, los lazos para el pelo y los zapatos de princesa y de princeso. Con este método llevas mucho equipaje, pero ahorras lexatines que no veas.
Para papá: … Papá sabe muy bien cómo aprovechar el rinconcillo weekend que le dejas de la maleta grande.
Para ti: No importa si te olvidas tu sujetador favorito, la pareja de un calcetín o coges por error los vaqueros de tu marido… De hecho no importa si te olvidas a tu marido (es broma, churri). Pero ay de ti si te olvidas el DVD portátil. Gracias a este revolucionario invento puedes mantener conversaciones de más de 20 segundos con tus iguales, bien durante el trayecto, bien en tu destino de vacaciones, mientras tus littleeinsteins se autohipnotizan con las historias de un niño calvo francés que tiene unos padres perfectos. Mete también ese libro que llevas 5 años paseando por la península y que a pesar de la caramadre que se te ha puesto te da un toque tan intelectual. Igualmente puedes darles un paseo a tus pinturas y cremas, ya sabes que les gusta salir de vez en cuando. No olvides las chanclas o similares, que mira que pisar la arena con manoletinas es bien incómodo.
Y oye, que en esto, como en todo en la vida, lo importante es participar y divertirse. Y más si es en casa de la tía L. y el tío A., donde con camión de mudanzas o sin, nos esperan cariñitos y comiditas ricas a tutiplén!





Nativos digitales

28/3/11

Muchos no han traído el pan bajo el brazo que nos prometían nuestras abuelas, pero todos sin excepción portan smartphone, tableta táctil, o pizarra digital. Dispositivos de última generación que además nos van a enseñar a usar. No han conocido el walkman (qué digo walkman… el discman es basura prehistórica para estos nuevos geeks), ni por supuesto la máquina de escribir. De milagro han llegado al ordenador con teclado. Pero pueden desbloquear un móvil antes de saber andar, pedir que pongas a su abuela en videoconferencia en el ordenador, o que entres en la página donde están los juegos (¡y cómo juegan!). Apenas saben dónde queda Málaga, esa ciudad desde la que su abuela se conecta, pero ya saben que el mundo entero se esconde dentro de un ordenador. O de un móvil. Ya no hay dudas. Nuestros hijos son nativos digitales.
El término no es mío sino de un señor llamado Marc Prensky que escribió en 2001 el libro Inmigrantes Digitales (que es precisamente lo que somos todos los que no somos nativos) y de otros muchos autores posteriores. Y en fin, lo que parecía ciencia ficción hace bien poco es hoy una realidad que se va instalando silenciosamente en lo cotidiano sin que nos demos cuenta. Si no miramos, claro.
Hoy he tenido la ocasión de mirar. Lo he hecho a través de la foto de un amigo de una amiga mía, que esta amiga ha comentado en una conocida red social (uy, sólo este comienzo metalingüístico ya da para un ensayo sobre la era digital). En ella se ve a un padre (el amigo de mi amiga) sentado en una mesa con su portátil abierto, y a su lado, en primer plano, al que presumo es su hijo, no más de 4-5 años, manejando con el dedo la pantalla de un ipad o similar con la soltura que sólo tienen los que lo traen de serie. Me ha hecho ser consciente de lo que en realidad ya todos intuimos: que lo que para estos niños es hoy un simple juego y para nosotros carnaza para la entrada de un blog o para conversación de sobremesa, será de la forma más natural, su herramienta de trabajo, de estudio y de quién sabe qué mas, dentro de pocos años. De hecho ya nos advierten de que los achaques reumáticos de esos chavales tendrán nombres cómo “síndrome del dedo pulgar”, una inflamación en los tendones del dedo provocada al parecer por la contracción constante al escribir SMS. Madre del amor hermoso.
Y lo mejor de esta mirada, es que me ha traído directamente otra imagen (ésta desde el recuerdo analógico) de mí misma jugando a escribir cuentos con una máquina de escribir de color naranja que tenían mis padres en su despacho. La tecnología de entonces consistía en darle vueltas a un rodillo para colocar el papel antes de empezar a escribir. Al menos sabías cómo sacarlo si se enganchaba.
Apenas han pasado 30 años y ya un abismo digital nos separa de aquello. Y eso que en casa éramos muy frikis. ¡Teníamos Spectrum y maquinitas!

Ballet

13/1/11

Reconozco que me chifla la idea y que ya me he montado mi propia película sobre este asunto. En ella está P., dentro de 20 años, a la salida del Royal Albert Hall rodeado de micrófonos de la prensa que le espera impaciente tras su última actuación. Él, 1,85 de altura, complexión fuerte, pelo ondulado y look informal, se muestra tranquilo en todo momento, cuando una guapa periodista con gafas le pregunta… “¿y cómo empezó todo?”. Y es entonces P. comienza a explicar:

“Pues todo empezó como suelen empezar estas cosas… Fue una noche hace más de 20 años… Yo acababa de cumplir dos y estaba con mis padres en el salón de casa cuando, de pronto, me agarré con una mano a una pequeña mesita frente al sofá e, inclinándome levemente hacia delante, me mantuve erguido mientras levantaba hacia atrás mi pierna derecha y la sostenía en el aire por unos segundos. Mi madre comentó entonces ‘¡anda, mira el niño éste, que ahora se pone a hacer ballet!’ y aquello debió de hacerme mucha gracia porque en apenas unos minutos estaba colocándome en la misma posición mientras decía: ‘¡¡vi hasé balé!!’. Mis padres rieron tanto con mi ocurrencia verbal (y corporal) que no paré de repetirlo durante algunas noches seguidas ¿sabe?… y desde entonces no he podido parar de bailar, fíjese…”.
"Mira que si estamos empeñados en el fútbol y resulta que lo que va a hacer este niño es bailar… ", me comentaban el otro día abu L. y N.
Y tienen razón. Aunque, por si acaso la cosa se queda en anécdota y ese arabesque no es más que el comienzo de un potente chut de balón, yo dejo testimonio gráfico y textual. Para que recordemos los tiempos en los que nuestro billy elliot quería bailar. Por supuesto en pijama, que como todos saben es como mejor se baila.


Cinco

24/12/10

Por suerte, el duende aún no se ha marchado, pero estos días yo lo encuentro desganado (andará de cenas navideñas, digo). Ahora, cuando llega, a las tantas, se sienta con la cabeza apoyada las manos y se pone a dictarme. En plan vaguete. Nada de escribir ni una coma, que viene muy cansado, dice. Y por si fuera poco, me deja los posts a medias. Así que cuando me levanto me los tengo que terminar yo solita. Hmmm! Y claro… así no es lo mismo.
Hoy por ejemplo me lo ha dejado así. Lo justo para no dejar el blog abandonado, dice. Pero yo digo que queda deslucido no cerrar los temas. De momento y hasta que se le pase la resaca al duende, he pensado en colgar unas fotos, que esas siempre lucen por sí solas. Éstas son de la fiesta de 5º cumpleaños de la princesa con su séquito.
Ella, como siempre, PRECIOSA. Cinco veces más guapa. Yo, que no salgo, cinco años  más vieja, pero babeando por verla crecer tan bonita y feliz.



 

El duendecillo

13/12/10

Esta mañana ha venido a visitarme otra vez el duendecillo. No hablo de mi hijo pequeño, que precisamente hoy dormía como un tronco, sino de ese pequeño ser con cuerpo, traje y botas de elfo (así me gusta imaginármelo) que de vez en cuando me aborda en mitad de la noche o, más a menudo, a primerísima hora de la mañana, cuando la mente aún navega a la deriva entre el sueño y la consciencia, y sin pedir permiso ni nada se pone a redactar en mi cabeza. Sí, sí, a escribir textos digo. Una carta a una amiga, un reportaje de trabajo, el próximo post del blog…

Cuando aparece, sé que no volveré a dormirme. Y eso que si estoy muy cansada intento no hacerle caso. Pero mira que hace ruido el condenado moviendo frases, ensayando elipsis y metáforas, construyendo diferentes comienzos y apoteósicos finales… Es emocionante la sensación de inspiración no controlada. El desvelo está asegurado. No soy dueña de tanta verborrea matinal y, sin embargo, casi siempre termino colaborando con él: memorizo las palabras para que al levantarme no se hayan esfumado y aún pueda hacer algo con ellas (y yo creía que lo de dormir con una libreta en la mesilla era cosa de las películas… pero ahora sospecho que me sería útil).
Hoy el duendecillo me ha traído este post. Yo le he dicho que si por favor me podría traer también un bestseller por entregas para ver si me forro, pero dice que imposible. Así que le he pedido que al menos se quede por aquí estas Navidades para que, a pesar de esta vida ajetreada, no sigamos dejando fuera de esta bitácora tantos de esos momentazos que nos regalan nuestros locos bajitos cada día.
Me ha dicho que lo intentará.

Volver

16/9/10

Tras un año de máster, una oposición y un ritmo vital que me ha dejado sin aliento en los últimos meses, vuelvo a tomar las riendas. Las de mi propia persona y las de esta bitácora que me ayuda a ejercitar el verbo e inmortaliza en cada entrada lo mejor de esta casa.
Seis meses de sequía bloguera no son demasiados (o puede que sí), salvo si lo que alimenta tu blog son las peripecias de dos personitas que crecen a la velocidad del rayo. Es el tiempo en el que A. terminó su segundo año en Infantil y se hizo de pronto muy mayor; visitamos el Oceanográfico comprobando que los ojos de P. aún podían abrirse mucho más; conocimos las dotes interpretativas de A. como Sirenita en su función de teatro; P. empezó a articular sus primeras palabras (y a comprender casi todas las nuestras) haciéndonos reír a carcajadas… También supimos que la leyenda “sin gluten” de algunos productos del super, en adelante lo sería de toda nuestra lista de la compra, pero que sin embargo las magdalenas de maíz nos gustaban tanto o más que las de trigo y para qué hablar de las croquetas…
Los últimos meses, de descanso intelectual, han sido sin embargo frenéticos físicamente, maternalmente absorbentes, pocoyizantes a rabiar y felices pese a todo.
Ahora toca volver. A madrugar, a escolarizar, a echar de menos las voces agudas por unas horas cada día, a merendar en los parques. A escribir, a leer, a organizarse, a buscar curro. Volver a la vida de siempre y hacerlo justo a tiempo de taparte con una sabanita por las noches. Qué gustito da volver.

Al mal tiempo, buenas manos

10/3/10

Ahora que se va acabando el invierno (¿será verdad?) me doy cuenta de que tanta nieve, lluvia y frío también nos han traído horas de calorcito hogareño y mucho más tiempo para hacer algunas manualidades, cocinitas y proyectos que tenía pendientes con A.
En realidad, estar en casa tampoco garantiza poder llevar a cabo ninguna de ellas, porque nunca sabemos cuánto tiempo va a tardar P. en desmontarnos el chiringuito, pero al menos lo intentamos. Y éste es el resultado de nuestros arrebatos creativos:

Arroz con leche y lo que se tercie. A. nos prepararía la cena si la dejásemos (¿en qué momento deja de apetecerle a uno preparar cenas?). También volvimos a hacer galletas, esta vez comestibles y todo!!


Pintamos piñas de todos los colores


Por fin terminamos el calendario para el cuarto de A. Con cartulinas, papel de seda y foamy para los números, días y letrero del mes. ¡Le encanta!


Y nuestro último atrevimiento, gracias a la receta que encontré en el blog de Maite: ¡¡hacer pasta de sal!!
A. se lo pasó pipa amasando y creando una tropa de figuritas que me jura que son animales:

Vale, vale, el de la bandeja está claro. Pero en la mesa hay un cocodrilo, según A.

P. también dejó su huella, junto a la de su hermana.
Y finalmente tuvimos que recoger porque el muy gordete prefería comerse la masa.

… Se hace camino al andar

23/2/10

O quizás debiera decir “…al chutar”, porque lo de este P. mío promete con la zurda. Ya en la fase de “gateo”, hacía increíbles esfuerzos por levantarse y avanzar agarrado a cualquier soporte hasta su querida atota (pelota) y celebraba con esa emoción desbordada que sólo caracteriza a los muy forofos, sus primeros toques de balón. Luego, cumplido el objetivo que le había puesto en pie –a él y a su afición-, volvía rápidamente a terreno seguro; a esa poco ortodoxa pero simpática manera de desplazarse que no puede llamarse gateo porque estaría más cerca del cangrejo que del gato, y que consiste en combinar el arrastre de una rodilla con el apoyo del otro pie, que colocado en postura cangrejil sirve de “pata coja”. Raroraroararo de explicar y sin embargo divertidísimo de ver.
A decir verdad, no tenía ninguna prisa por que se acabara este movimiento que, aunque sumamente veloz, no puede compararse a las carreras que están por venir.
Y sin embargo, como diría Machado, “todo pasa y todo queda”… Y ahí tenemos a P. a punto de cumplir los 14 meses, dando sus primeros pasos, torpes, vacilantes, inseguros aún… pero, a la vez, decididos a dejar huella si hay pelota de por medio.
Así, mientras babeamos viendo a nuestros bajitos conquistar su independencia, yo pienso que esta entrada está pidiendo a gritos un hilo musical al que no puedo resistirme.

La semillita que todos llevamos dentro

18/2/10

La ilustración es de Keki (http://1puntito.blogspot.com)
Lo peor no es que me haya pillado por sorpresa –ya sabía que a todos los padres nos llega ESE momento-. Ni siquiera es la precocidad con la que ha surgido la cuestión, o la cara de poker que he debido poner ahí sentada en el váter cuando A., desde la bañera ha disparado la preguntita. No. Lo peor, sin duda, es la respuesta hortera que yo, madre con carrera y eso, he elaborado en un plisplás, agarrándome como nunca pensé que haría, al vacuo argumento de la semillita, sin contar con que tan ingenua explicación se queda corta para pequeñas mentes inquietas. Y sin tener en cuenta tampoco, que un enano puede desmontarte la historieta en un segundo. La cosa ha sido así.

Hablábamos de dónde viene la harina, los huevos, le leche y todas esas cosas a las que A. empieza a encontrar ahora el origen. Cuando de pronto…
- Mamá (mirando a su hermano en la bañera), ¿de dónde viene la colita de P.?
- Pues A., la colita es parte del cuerpo y ya sabes que el cuerpo de los bebés sale del cuerpo de las mamás.
- Sí mamá, eso ya lo sé, pero mamá, digo A-N-T-E-S (se pone muy expresiva para enfatizar esta parte y yo ya empiezo a abrir los ojos más de la cuenta)… ¿cómo entran los bebés en las barrigas de las mamás???

Como me he quedado un poco muda mientras mis neuronas trabajan deprisa para encontrar la mejor respuesta, A. insiste:
- Digo mamá, que A-N-T-E-S (me lo vuelve a recalcar por si no lo he entendido bien), dónde están los bebés… (y ahora viene lo mejor)… ¿¿Los compramos o qué??

Me río a carcajadas pensando que, de ser así, más de uno habría devuelto a los suyos… Ella ríe conmigo aunque no sabe bien por qué. Entonces lo veo claro: le explicaré el desarrollo fetal desde que somos una célula y ella se quedará contenta.
- No A., no los compramos. Primero los bebés son una célula muy pequeñita, así como una semillita, y después van creciendo, les salen brazos y piernas… etc…

A. me mira atentamente mientras me intento ir por la tangente, pero no parece satisfecha. Y tal como sospecho a medida que palidezco, vuelve a la carga.
- Pero mamá, lo que digo (ahora ya me grita) es ¡¡¿cómo llega esa semillita a la barrigaaaaa?!!

Ufff… A esta alturas sólo tengo claro que no diré lo de “papá planta la semillita en mamá” porque entonces no sabré salir de ese jardín. O peor aún, acabaré hablando de botánica. Así que me muerdo el labio e inspiro mucho aire por la nariz antes de seguir, ahora ya sí, improvisando totalmente.
- Pues mira cariño, dentro del cuerpo tenemos esa especie de semillitas que son taaaan pequeñitas que ni se ven, y cuando nos hacemos mayores y las mamás y los papás se quieren mucho, pues esas semillas se convierten en bebés.

¡¡OLÉ!! No me lo creo ni yo, pero ahí queda dicho.

Y entonces me doy cuenta de que he sembrado una nueva inquietud. Con cara de angustia total y tocándose la barriga, me pregunta:
- ¿¿Pero todos tenemos dentro semillas? ¿¿¿YO ahora tengo esas semillas dentro de mi cuerpo??

Con las fuerzas que me quedan, la tranquilizo explicándole que aunque todos tenemos las células ( o semillas), éstas no se pueden convertir en bebés hasta que somos “mayores”.

Y rápidamente le pregunto qué quiere para cenar.



Mirar y encontrar

8/2/10

Mirar. Encontrar. Sonreír. Descubrir. Tocar. Sentir. Decir. Abrazar. Susurrar. Amar. Preguntar. Responder. Reír. Preguntar. Responder. Reír. Jugar. Abrazar. Reír. Maravillar. Mirar. Encontrar. Sorprender. Adorar. Disfrutar. Reír. Mirar. Encontrar. Relajar. Mirar. Encontrar. Dormir.

Hace un par de noches, a mi vuelta de clase, disfruté con A. de uno de esos momentos mágicos de complicidad, disfrute, risa y emoción que últimamente son tan difíciles de encontrar. Escondidas bajo el edredón, jugamos a adivinar sílabas y palabras, muertas de la risa y nos dimos una de esas sobredosis de arrumacos y besos que curan todos los males y recargan cualquier batería, antes de quedarnos dormidas. Fue entonces cuando la volví a ver. A. me regaló de nuevo esa mirada que sólo pueden compartir los enamorados, porque son miradas que no sólo miran sino que encuentran. Una mirada casi idéntica a la de aquellos dulces días de lactancia prolongada, que por suerte tengo inmortalizada en esta imagen.


Diario (VIII)

25/1/10

Para Hoy (24/1/2010)

Fuera de mi ventana… Silencio de noche de domingo
Estoy pensando... que este Diario se publica los viernes. Voy con retraso.
De los lugares donde aprendemos... Interesante este texto que M. cuelga en su blog, sobre el burn-out de las madres, extraido del foro de Entrecomadres, y a su vez del libro Los padres perfectos no existen, de Isabelle Filliozat. Para tomar nota.
Me siento agradecida por... la energía positiva que transmiten las pequeñas cosas. Un libro en la mesita de noche aunque lo tenga que leer a pequeños sorbos; un beso pegajoso de A.; unas risas a deshora con J; una canción que te busca y te encuentra.
Desde la cocina... Caldito con fideos. A ver si nos alivia un poco este trancazo compartido.
Qué llevo puesto... La bata bien cerradita con pañuelos por los bolsillos.
Estoy leyendo... Además de lo de siempre, una nueva rareza: unos amarillentos apuntes de Lengua de COU que encontré en el trastero, que me vienen de perlas para ir actualizando el “disco duro”.
Lo que espero... Que la semana me cunda mucho mucho para poder hacer la programación.
Estoy creando...un calendario de pared para A., ya casi está terminado. Queríamos hacerlo juntas pero P. no nos ha dejado (tijeras + pegamento + niño = peligro) así que he ido avanzando a solas y sólo faltan por pegar los números de goma y todo lo que se nos ocurra.
Estoy escuchando... el murmullo de la telebasura.
Por toda la casa... ropa tendida, ropa de plancha, juguetes, papeles… los restos del fin de semana
Una de mis cosas favoritas... Escribir este diario cada poco tiempo. Es repetitivo, exhibicionista y el título tiene un punto de “soy mujer de mi casa y qué rica me sale la tarta de manzana”… pero me gusta. Ejercita la memoria, el diálogo interior y la pluma (o tecla). Y hace que sea fácil reengancharse al blog después de días sin publicar.
Algunos planes para el fin de la semana... Hasta ahora todos cumplidos: cuentacuentos, máster, santo de nuestra amiga P., comidita en familia y un poquito de descanso. Polilla, la mascota-muñeco de la clase de A., ha pasado el finde con nosotros y hemos rellenado el libro viajero con un montón de fotos.
Unas fotos para compartir: el nuevo hobbie de A.: ensartar bolitas y adornos varios para hacerme una y otra vez el mismo collar.



Nieve

12/1/10


De acuerdo, no han sido tres copos sino unos cuantos más. Pero todos nos entendemos si digo que la vida aquí se paraliza, o al menos se vuelve caos surrealista tan pronto caen tres copos de nieve.

Sobre esto yo tengo desarrolladas varias teorías y teoremas. Para empezar, el de la movilidad, también llamado "del morro contagioso", según el cual, cuando nieva como lo hizo anoche en Madrid, la mitad de la gente se despierta incomunicada y la otra mitad se incomunica de forma automática al asomarse por la ventana y ver el manto blanco. Esto explica que en un mismo lugar de trabajo podamos encontrar individuos que misteriosamente han conseguido llegar a trabajar viniendo de zonas más incomunicadas que otros que, sin embargo, se han quedado en casa.

Una variante que me chifla de esta teoría es la del personaje que amparándose en la nevada, si bien consigue llegar al trabajo, justifica otras licencias que nada tienen que ver con lo meteorológico. Es el caso absolutamente verídico de un compañero de trabajo de mi santo, que cada vez que nieva se presenta en la oficina vestido de sport (los demás sufren el traje y la corbata a cualquier temperatura) alegando que con haber ido a currar ya es bastante. "Como para encima tener que venir con traje", dice. ¡Olé!

Luego está la teoría del trineo, que también es buena. Vale que vivimos relativamente cerca de la sierra y que al menos una o dos veces al año cae una buena nevadita, pero ¿me puede alguien explicar de dónde salen tantos trineos en los parques cuando éstos se cubren de blanco? Que parece esto Candanchú. A mí sólo de pensar que además de todo lo que almanceno en casa, también tuviera que buscar sitio a un trineo, me entra jaqueca. Pero mira, ahí están. Y la gente los maneja con cierta gracia.

Una teoría que me falta por desarrollar es la de la suspensión de clases en los colegios, que la Comunidad de Madrid ha hecho hoy efectiva dejando en casa a los alumnos y profes que no podían ir, y también a los que sí podían. ¿Por qué se suspenden las clases en favor de los incomunicados en lugar de presuponer, como en el caso de los trabajos, que la mayoría de la gente hará lo posible por llegar, como de hecho ha ocurrido en nuestro cole?

A la espera de resolver la incógnita de mi última teoría y a falta de trineo, A. y yo hemos aprovechado este precioso día de nieve y sol para hacer nuestro particular muñeco y reírnos un rato.








Diario (VII)

2/1/10

Para Hoy (01/01/2010)


Fuera de mi ventana… noche cerrada, punto final al primer día del año que acabamos de estrenar. Temperaturas suaves y olor a mar.
Estoy pensando... en que estamos (diré "estoy" para que mi media naranja no piense que le estoy llamando viejo) mayores para juergas de nochevieja. ¡Qué palizoooón!
Me siento agradecida por... Pues aunque la gente no hace más que quejarse de lo desastroso que ha sido 2009, yo le estoy agradecida por haberme regalado tantas horas de disfrute de mis hijos (¡todo el primer año de P.!); la oportunidad de reconducirme profesionalmente y de enriquecerme intelectualmente. 
Desde la cocina...un colacao nocturno antes de ir a la camita
Qué llevo puesto... Ahora sí... el pijama y ¡la bata!
Estoy leyendo... Unos textos de Sociología sobre los que tengo que preparar un comentario. También los blogs de algunos amigos, mis mails...
Lo que espero... Que 2010 nos traiga trabajo, confianza, alegría, paz interior y mucha salud para disfrutarlo todo.
Estoy creando... Lo dicho: los deberes del máster, cuando me dejan. Y la carta de los RR.MM de los peques, cuando no me dejan.
Estoy escuchando... a los padres y tíos de J. jugando a las cartas. Empezando el año con vicio, que se dice.
Por toda la casa...  Relativo orden dentro del caos. Decoración navideña, familia y como siempre, juguetes y más juguetes (aunque ahora no se sepa bien de quién es cada uno).
Una de mis cosas favoritas...Escribir cuando los demás duermen.
Algunos planes para el fin de la semana... Ir a encargar regalos de Reyes, comer roscón para ir abriendo boca, ¿escaparnos al cine?, pasear con los nenes cerca del mar...
Una foto para compartir: la sonrisa de un niño al abrir su regalo.





Maletas

29/12/09

Definitivamente, hacer maletas no se me da bien. Como diría una amiga rubia, “se me da bien estar en bata, procrastinar y perder una mañana en nosequé”, pero hacer maletas no es lo mío. Y sin embargo es lo mío. Mi santo tiene suficiente con colocar su kit de supervivencia en los escasos 20 cms cuadrados que le dejamos los demás y acostarse bien prontito para poder conducir en condiciones los casi 600 kilómetros que nos separan de nuestro destino. Eso es pragmatismo y lo demás tonterías.

Así que las maletas son lo mío aunque no lo sean. Y reconozco que me puede. Todos dicen que con el tiempo te vuelves más práctico, pero yo voy a peor a medida que la familia crece. Una semana antes ya tengo sudores fríos pensando en cómo el propósito inicial de “con la maleta grande nos apañamos todos” acabará convirtiéndose invariablemente en “una maleta grande más una maleta pequeña más catorce bolsos accesorios sin contar la bolsa de aseo o el DVD del coche”. Y es que poco importa que sea puente u "okupación" veraniega, el maletero se llena.

La emoción es aún mayor si, al tiempo que intentas concentrarte al máximo en prescindir de lo superfluo y en no olvidarte de lo importante, tienes a dos pocoyos entrando y saliendo de las maletas, preguntándote cuánto falta (¡si aún no hemos salido!) o dónde has guardado a la mamá de la familia de los ponys (y tú pensando que con una familia ya es bastante, como para tener controlada la de los ponys).

Eso sí, la satisfacción de que sean las once de la noche y hayas conseguido no colgarte de la lámpara antes de acabar… y hasta tener tiempo de contarlo en el blog sin que te den las uvas (eso pasado mañana) mientras todos duermen, es inversamente proporcional al nivel de adrenalina en vena de unas horas antes.

Felices vacaciones a los que salen, a los que están, a los que vuelven con maletas.

Y FELIZ AÑO para todos!!


Diario (VI)

25/12/09

Para Hoy (25/12/2009)
Fuera de mi ventana… noche lluviosa de un agradable día de Navidad
Estoy pensando...en que faltan apenas unas horas para que P. cumpla un año. Después de haber pasado ya por esto, me vuelve a parecer increíble la transformación de los primeros doce meses. También tiene algo de especial pensar que tal día como hoy aún estaba ¡dentro de mí! Como si intuyera algo de toda esta "nostalgia", lleva varios días super pegado a mí.
En eso, y en lo agotada que estoy después de todo.
De los lugares donde aprendemos...redescubrir la magia de la Navidad a través de los ojos de un niño (a ser posible el tuyo) es algo que nadie debería perderse.
Me siento agradecida por... todas las comiditas ricas que nos han preparado abu L. y N. estos días, por los villancicos de ayer hoy y siempre, por las risas de P., por los nervios de A., por brindar con salud, por los regalitos de Papá Noel, por los churros con chocolate, por la tarde de manta, sofá y Monstruos SA con A. y K.
Desde la cocina...cena rápida que está preparando J. mientras escribo.
Qué llevo puesto...pantalón negro, camiseta de cuello vuelto gris, calcetines.
Estoy leyendo... Releo trozos del Quijote mientras intento acabarme La elegancia del erizo (qué vergüenza, mil meses ya…) y acaricio la Nueva Gramática Española con la que Papa Noel me acaba de asegurar millones de horas de estudio.
Lo que espero...encontrar un lugar en mi ajetreada vida para “colocar” todas esas necesarias horas de lectura, para verme con viejas amigas, para descansar algo más… También espero disfrutar más y discutir menos con A.
Estoy creando...vacío creativo total en estos días. Ni Christmas hemos hecho… Para compensar mi parón, A. pinta y pinta sin parar con témperas y grandes pinceladas en un rollo de papel continuo del que vamos recortando trozos y colgándolos por las paredes de la cocina para dejarlos secar.
Estoy escuchando... las canciones de un petardo de peli animada que están poniendo en la tele.
Por toda la casa...Ahora sí, JUGUETES que literalmente hay que saltar para poder caminar. Urge orden y limpieza para poder hacer sitio a los “recién llegados”.
Una de mis cosas favoritas...Ver a los míos reír.
Algunos planes para el fin de la semana... Estaría más que bien DESCANSAR. Pero antes, tartita y vela para P., un cine que le he prometido a A.,y si hay tiempo haremos galletas.
Una foto para compartir:  un clásico para desearos a todos FELIZ NAVIDAD ;))




Lo que importa y lo que interesa

24/12/09


Asegura la Real Academia Española que una de las acepciones de importar es "Convenir, interesar, hacer al caso, ser de mucha entidad o consecuencia". Es decir, que importar es sinónimo de interesar. Que es lo mismo, en fin, decir que algo es importante o que es interesante.
Pues no. No para mí, ni tampoco para A. después de nuestra disertación navideña de esta mañana. Y es que algo puede ser importante de verdad, moral, ética, religiosa o culturalmente hablando y, sin embargo, no interesarte un carajo tal como me ha demostrado A., a quien una vez más yo trataba de enseñar algo y es ella la que me ha dado una lección, semántica esta vez.
A cuento de que hoy es Nochebuena y A. pegaba botes de alegría ante la inminente llegada de Papa Noel, yo le trataba de explicar lo que de verdad importa de esta celebración: es una noche especial, una buena parte del mundo celebra el nacimiento del Niño Jesús, nosotros nos juntamos con la familia, qué suerte tenemos de estar con nuestra familia, nos ponemos guapos, cenamos cositas ricas, cantamos villancicos… en fin, villancicos y lo que se tercie…
- “¡¡Y lo más importante!! – me interrumpe ella a voz en grito- ¡Viene Papa Noel!”.
Con cara de pez después de mi sermón de ocho minutos, la vuelvo a mirar y digo: “Oye A., no me has escuchado nada de lo que te he explicado… lo importante es…”.
- Que nooooo mamá!- me vuelve a interrumpir chillando- Que no digo que Papá Noel es lo más importanteeee. Digo que es lo más... (pausa para pensar la palabra adecuada) INTERESANTE”.

Silencio total. De nuevo mi cara de pez, pero sin nada que añadir esta vez.


Cuatro

2/12/09

Mi princesa cumple hoy cuatro años. Casi un lustro de vida ya, y por contra, qué breve período de tiempo para la enorme cantidad de aprendizaje que alberga. Siempre se ha hablado de lo mucho que aprendemos en el primer año de vida y de que, comparándolo con el resto de nuestra existencia, jamás volveremos a asimilar tanto conocimiento en tan pocos meses. Pero se dice poco del resto de la infancia. Y lo cierto es que son tantas las etapas cognitivas y emocionales que atraviesa un niño en sus primeros 6-7 años de vida y tanta la influencia de esos años en lo que viene después, que no debería dejar de asombrarnos.


Cuenta Eduard Punset que recientemente se ha descubierto una correlación entre la duración del período de aprendizaje en la infancia – “una hora en los polluelos, meses en los cuervos, años en los humanos”- y el nivel de inteligencia en la edad adulta. Y se refiere a la psicóloga Alison Gopnik para advertirnos de que una especie que pasa sus primeros siete años cultivando el juego y la imaginación no está perdiendo el tiempo. Al parecer, explica Punset, la imaginación no es algo que desarrollamos sólo para divertirnos, sino que está estrechamente conectada a la manera en la que después comprendemos la estructura del mundo.

Ya Piaget apuntaba algo de todo esto. Y de él también nos hablaron en la escuela infantil de A. cuando nos explicaron el método constructivista en el que basaban su enseñanza. “El niño, en sus primeros años, necesita desarrollar el conocimiento descubriendo el mundo a través del juego y de los sentidos”. O algo así. Nada de fichas o libros. JUEGO. El caso es que, casi sin quererlo, hemos procurado para A. todo este entorno flexible y favorable para un aprendizaje sano, feliz e imaginativo.

Ahora, con el inicio de la escuela pública, su día a día está más sujeto a normas, horarios y obligaciones. Pero creo que mucho de todo ese afán por descubrir, por transformar, por fabular…; mucha de esa inocencia que nos debería acompañar de por vida, sigue dentro de ella.

…y es que son sólo cuatro añitos…

En el ecuador de esta fascinante etapa que es la primera infancia, A. es una niña despierta, imaginativa, curiosa y muy lista. Tiene carácter, y eso hace que lo más cotidiano se vuelva difícil con ella. Pero cada noche, cuando llega la calma, me enorgullece pensar que de mayor tendrá las ideas claras.

¡Feliz cumpleaños chiquitina!