Cinco

24/12/10

Por suerte, el duende aún no se ha marchado, pero estos días yo lo encuentro desganado (andará de cenas navideñas, digo). Ahora, cuando llega, a las tantas, se sienta con la cabeza apoyada las manos y se pone a dictarme. En plan vaguete. Nada de escribir ni una coma, que viene muy cansado, dice. Y por si fuera poco, me deja los posts a medias. Así que cuando me levanto me los tengo que terminar yo solita. Hmmm! Y claro… así no es lo mismo.
Hoy por ejemplo me lo ha dejado así. Lo justo para no dejar el blog abandonado, dice. Pero yo digo que queda deslucido no cerrar los temas. De momento y hasta que se le pase la resaca al duende, he pensado en colgar unas fotos, que esas siempre lucen por sí solas. Éstas son de la fiesta de 5º cumpleaños de la princesa con su séquito.
Ella, como siempre, PRECIOSA. Cinco veces más guapa. Yo, que no salgo, cinco años  más vieja, pero babeando por verla crecer tan bonita y feliz.



 

El duendecillo

13/12/10

Esta mañana ha venido a visitarme otra vez el duendecillo. No hablo de mi hijo pequeño, que precisamente hoy dormía como un tronco, sino de ese pequeño ser con cuerpo, traje y botas de elfo (así me gusta imaginármelo) que de vez en cuando me aborda en mitad de la noche o, más a menudo, a primerísima hora de la mañana, cuando la mente aún navega a la deriva entre el sueño y la consciencia, y sin pedir permiso ni nada se pone a redactar en mi cabeza. Sí, sí, a escribir textos digo. Una carta a una amiga, un reportaje de trabajo, el próximo post del blog…

Cuando aparece, sé que no volveré a dormirme. Y eso que si estoy muy cansada intento no hacerle caso. Pero mira que hace ruido el condenado moviendo frases, ensayando elipsis y metáforas, construyendo diferentes comienzos y apoteósicos finales… Es emocionante la sensación de inspiración no controlada. El desvelo está asegurado. No soy dueña de tanta verborrea matinal y, sin embargo, casi siempre termino colaborando con él: memorizo las palabras para que al levantarme no se hayan esfumado y aún pueda hacer algo con ellas (y yo creía que lo de dormir con una libreta en la mesilla era cosa de las películas… pero ahora sospecho que me sería útil).
Hoy el duendecillo me ha traído este post. Yo le he dicho que si por favor me podría traer también un bestseller por entregas para ver si me forro, pero dice que imposible. Así que le he pedido que al menos se quede por aquí estas Navidades para que, a pesar de esta vida ajetreada, no sigamos dejando fuera de esta bitácora tantos de esos momentazos que nos regalan nuestros locos bajitos cada día.
Me ha dicho que lo intentará.

Volver

16/9/10

Tras un año de máster, una oposición y un ritmo vital que me ha dejado sin aliento en los últimos meses, vuelvo a tomar las riendas. Las de mi propia persona y las de esta bitácora que me ayuda a ejercitar el verbo e inmortaliza en cada entrada lo mejor de esta casa.
Seis meses de sequía bloguera no son demasiados (o puede que sí), salvo si lo que alimenta tu blog son las peripecias de dos personitas que crecen a la velocidad del rayo. Es el tiempo en el que A. terminó su segundo año en Infantil y se hizo de pronto muy mayor; visitamos el Oceanográfico comprobando que los ojos de P. aún podían abrirse mucho más; conocimos las dotes interpretativas de A. como Sirenita en su función de teatro; P. empezó a articular sus primeras palabras (y a comprender casi todas las nuestras) haciéndonos reír a carcajadas… También supimos que la leyenda “sin gluten” de algunos productos del super, en adelante lo sería de toda nuestra lista de la compra, pero que sin embargo las magdalenas de maíz nos gustaban tanto o más que las de trigo y para qué hablar de las croquetas…
Los últimos meses, de descanso intelectual, han sido sin embargo frenéticos físicamente, maternalmente absorbentes, pocoyizantes a rabiar y felices pese a todo.
Ahora toca volver. A madrugar, a escolarizar, a echar de menos las voces agudas por unas horas cada día, a merendar en los parques. A escribir, a leer, a organizarse, a buscar curro. Volver a la vida de siempre y hacerlo justo a tiempo de taparte con una sabanita por las noches. Qué gustito da volver.

Al mal tiempo, buenas manos

10/3/10

Ahora que se va acabando el invierno (¿será verdad?) me doy cuenta de que tanta nieve, lluvia y frío también nos han traído horas de calorcito hogareño y mucho más tiempo para hacer algunas manualidades, cocinitas y proyectos que tenía pendientes con A.
En realidad, estar en casa tampoco garantiza poder llevar a cabo ninguna de ellas, porque nunca sabemos cuánto tiempo va a tardar P. en desmontarnos el chiringuito, pero al menos lo intentamos. Y éste es el resultado de nuestros arrebatos creativos:

Arroz con leche y lo que se tercie. A. nos prepararía la cena si la dejásemos (¿en qué momento deja de apetecerle a uno preparar cenas?). También volvimos a hacer galletas, esta vez comestibles y todo!!


Pintamos piñas de todos los colores


Por fin terminamos el calendario para el cuarto de A. Con cartulinas, papel de seda y foamy para los números, días y letrero del mes. ¡Le encanta!


Y nuestro último atrevimiento, gracias a la receta que encontré en el blog de Maite: ¡¡hacer pasta de sal!!
A. se lo pasó pipa amasando y creando una tropa de figuritas que me jura que son animales:

Vale, vale, el de la bandeja está claro. Pero en la mesa hay un cocodrilo, según A.

P. también dejó su huella, junto a la de su hermana.
Y finalmente tuvimos que recoger porque el muy gordete prefería comerse la masa.

… Se hace camino al andar

23/2/10

O quizás debiera decir “…al chutar”, porque lo de este P. mío promete con la zurda. Ya en la fase de “gateo”, hacía increíbles esfuerzos por levantarse y avanzar agarrado a cualquier soporte hasta su querida atota (pelota) y celebraba con esa emoción desbordada que sólo caracteriza a los muy forofos, sus primeros toques de balón. Luego, cumplido el objetivo que le había puesto en pie –a él y a su afición-, volvía rápidamente a terreno seguro; a esa poco ortodoxa pero simpática manera de desplazarse que no puede llamarse gateo porque estaría más cerca del cangrejo que del gato, y que consiste en combinar el arrastre de una rodilla con el apoyo del otro pie, que colocado en postura cangrejil sirve de “pata coja”. Raroraroararo de explicar y sin embargo divertidísimo de ver.
A decir verdad, no tenía ninguna prisa por que se acabara este movimiento que, aunque sumamente veloz, no puede compararse a las carreras que están por venir.
Y sin embargo, como diría Machado, “todo pasa y todo queda”… Y ahí tenemos a P. a punto de cumplir los 14 meses, dando sus primeros pasos, torpes, vacilantes, inseguros aún… pero, a la vez, decididos a dejar huella si hay pelota de por medio.
Así, mientras babeamos viendo a nuestros bajitos conquistar su independencia, yo pienso que esta entrada está pidiendo a gritos un hilo musical al que no puedo resistirme.

La semillita que todos llevamos dentro

18/2/10

La ilustración es de Keki (http://1puntito.blogspot.com)
Lo peor no es que me haya pillado por sorpresa –ya sabía que a todos los padres nos llega ESE momento-. Ni siquiera es la precocidad con la que ha surgido la cuestión, o la cara de poker que he debido poner ahí sentada en el váter cuando A., desde la bañera ha disparado la preguntita. No. Lo peor, sin duda, es la respuesta hortera que yo, madre con carrera y eso, he elaborado en un plisplás, agarrándome como nunca pensé que haría, al vacuo argumento de la semillita, sin contar con que tan ingenua explicación se queda corta para pequeñas mentes inquietas. Y sin tener en cuenta tampoco, que un enano puede desmontarte la historieta en un segundo. La cosa ha sido así.

Hablábamos de dónde viene la harina, los huevos, le leche y todas esas cosas a las que A. empieza a encontrar ahora el origen. Cuando de pronto…
- Mamá (mirando a su hermano en la bañera), ¿de dónde viene la colita de P.?
- Pues A., la colita es parte del cuerpo y ya sabes que el cuerpo de los bebés sale del cuerpo de las mamás.
- Sí mamá, eso ya lo sé, pero mamá, digo A-N-T-E-S (se pone muy expresiva para enfatizar esta parte y yo ya empiezo a abrir los ojos más de la cuenta)… ¿cómo entran los bebés en las barrigas de las mamás???

Como me he quedado un poco muda mientras mis neuronas trabajan deprisa para encontrar la mejor respuesta, A. insiste:
- Digo mamá, que A-N-T-E-S (me lo vuelve a recalcar por si no lo he entendido bien), dónde están los bebés… (y ahora viene lo mejor)… ¿¿Los compramos o qué??

Me río a carcajadas pensando que, de ser así, más de uno habría devuelto a los suyos… Ella ríe conmigo aunque no sabe bien por qué. Entonces lo veo claro: le explicaré el desarrollo fetal desde que somos una célula y ella se quedará contenta.
- No A., no los compramos. Primero los bebés son una célula muy pequeñita, así como una semillita, y después van creciendo, les salen brazos y piernas… etc…

A. me mira atentamente mientras me intento ir por la tangente, pero no parece satisfecha. Y tal como sospecho a medida que palidezco, vuelve a la carga.
- Pero mamá, lo que digo (ahora ya me grita) es ¡¡¿cómo llega esa semillita a la barrigaaaaa?!!

Ufff… A esta alturas sólo tengo claro que no diré lo de “papá planta la semillita en mamá” porque entonces no sabré salir de ese jardín. O peor aún, acabaré hablando de botánica. Así que me muerdo el labio e inspiro mucho aire por la nariz antes de seguir, ahora ya sí, improvisando totalmente.
- Pues mira cariño, dentro del cuerpo tenemos esa especie de semillitas que son taaaan pequeñitas que ni se ven, y cuando nos hacemos mayores y las mamás y los papás se quieren mucho, pues esas semillas se convierten en bebés.

¡¡OLÉ!! No me lo creo ni yo, pero ahí queda dicho.

Y entonces me doy cuenta de que he sembrado una nueva inquietud. Con cara de angustia total y tocándose la barriga, me pregunta:
- ¿¿Pero todos tenemos dentro semillas? ¿¿¿YO ahora tengo esas semillas dentro de mi cuerpo??

Con las fuerzas que me quedan, la tranquilizo explicándole que aunque todos tenemos las células ( o semillas), éstas no se pueden convertir en bebés hasta que somos “mayores”.

Y rápidamente le pregunto qué quiere para cenar.



Mirar y encontrar

8/2/10

Mirar. Encontrar. Sonreír. Descubrir. Tocar. Sentir. Decir. Abrazar. Susurrar. Amar. Preguntar. Responder. Reír. Preguntar. Responder. Reír. Jugar. Abrazar. Reír. Maravillar. Mirar. Encontrar. Sorprender. Adorar. Disfrutar. Reír. Mirar. Encontrar. Relajar. Mirar. Encontrar. Dormir.

Hace un par de noches, a mi vuelta de clase, disfruté con A. de uno de esos momentos mágicos de complicidad, disfrute, risa y emoción que últimamente son tan difíciles de encontrar. Escondidas bajo el edredón, jugamos a adivinar sílabas y palabras, muertas de la risa y nos dimos una de esas sobredosis de arrumacos y besos que curan todos los males y recargan cualquier batería, antes de quedarnos dormidas. Fue entonces cuando la volví a ver. A. me regaló de nuevo esa mirada que sólo pueden compartir los enamorados, porque son miradas que no sólo miran sino que encuentran. Una mirada casi idéntica a la de aquellos dulces días de lactancia prolongada, que por suerte tengo inmortalizada en esta imagen.


Diario (VIII)

25/1/10

Para Hoy (24/1/2010)

Fuera de mi ventana… Silencio de noche de domingo
Estoy pensando... que este Diario se publica los viernes. Voy con retraso.
De los lugares donde aprendemos... Interesante este texto que M. cuelga en su blog, sobre el burn-out de las madres, extraido del foro de Entrecomadres, y a su vez del libro Los padres perfectos no existen, de Isabelle Filliozat. Para tomar nota.
Me siento agradecida por... la energía positiva que transmiten las pequeñas cosas. Un libro en la mesita de noche aunque lo tenga que leer a pequeños sorbos; un beso pegajoso de A.; unas risas a deshora con J; una canción que te busca y te encuentra.
Desde la cocina... Caldito con fideos. A ver si nos alivia un poco este trancazo compartido.
Qué llevo puesto... La bata bien cerradita con pañuelos por los bolsillos.
Estoy leyendo... Además de lo de siempre, una nueva rareza: unos amarillentos apuntes de Lengua de COU que encontré en el trastero, que me vienen de perlas para ir actualizando el “disco duro”.
Lo que espero... Que la semana me cunda mucho mucho para poder hacer la programación.
Estoy creando...un calendario de pared para A., ya casi está terminado. Queríamos hacerlo juntas pero P. no nos ha dejado (tijeras + pegamento + niño = peligro) así que he ido avanzando a solas y sólo faltan por pegar los números de goma y todo lo que se nos ocurra.
Estoy escuchando... el murmullo de la telebasura.
Por toda la casa... ropa tendida, ropa de plancha, juguetes, papeles… los restos del fin de semana
Una de mis cosas favoritas... Escribir este diario cada poco tiempo. Es repetitivo, exhibicionista y el título tiene un punto de “soy mujer de mi casa y qué rica me sale la tarta de manzana”… pero me gusta. Ejercita la memoria, el diálogo interior y la pluma (o tecla). Y hace que sea fácil reengancharse al blog después de días sin publicar.
Algunos planes para el fin de la semana... Hasta ahora todos cumplidos: cuentacuentos, máster, santo de nuestra amiga P., comidita en familia y un poquito de descanso. Polilla, la mascota-muñeco de la clase de A., ha pasado el finde con nosotros y hemos rellenado el libro viajero con un montón de fotos.
Unas fotos para compartir: el nuevo hobbie de A.: ensartar bolitas y adornos varios para hacerme una y otra vez el mismo collar.



Nieve

12/1/10


De acuerdo, no han sido tres copos sino unos cuantos más. Pero todos nos entendemos si digo que la vida aquí se paraliza, o al menos se vuelve caos surrealista tan pronto caen tres copos de nieve.

Sobre esto yo tengo desarrolladas varias teorías y teoremas. Para empezar, el de la movilidad, también llamado "del morro contagioso", según el cual, cuando nieva como lo hizo anoche en Madrid, la mitad de la gente se despierta incomunicada y la otra mitad se incomunica de forma automática al asomarse por la ventana y ver el manto blanco. Esto explica que en un mismo lugar de trabajo podamos encontrar individuos que misteriosamente han conseguido llegar a trabajar viniendo de zonas más incomunicadas que otros que, sin embargo, se han quedado en casa.

Una variante que me chifla de esta teoría es la del personaje que amparándose en la nevada, si bien consigue llegar al trabajo, justifica otras licencias que nada tienen que ver con lo meteorológico. Es el caso absolutamente verídico de un compañero de trabajo de mi santo, que cada vez que nieva se presenta en la oficina vestido de sport (los demás sufren el traje y la corbata a cualquier temperatura) alegando que con haber ido a currar ya es bastante. "Como para encima tener que venir con traje", dice. ¡Olé!

Luego está la teoría del trineo, que también es buena. Vale que vivimos relativamente cerca de la sierra y que al menos una o dos veces al año cae una buena nevadita, pero ¿me puede alguien explicar de dónde salen tantos trineos en los parques cuando éstos se cubren de blanco? Que parece esto Candanchú. A mí sólo de pensar que además de todo lo que almanceno en casa, también tuviera que buscar sitio a un trineo, me entra jaqueca. Pero mira, ahí están. Y la gente los maneja con cierta gracia.

Una teoría que me falta por desarrollar es la de la suspensión de clases en los colegios, que la Comunidad de Madrid ha hecho hoy efectiva dejando en casa a los alumnos y profes que no podían ir, y también a los que sí podían. ¿Por qué se suspenden las clases en favor de los incomunicados en lugar de presuponer, como en el caso de los trabajos, que la mayoría de la gente hará lo posible por llegar, como de hecho ha ocurrido en nuestro cole?

A la espera de resolver la incógnita de mi última teoría y a falta de trineo, A. y yo hemos aprovechado este precioso día de nieve y sol para hacer nuestro particular muñeco y reírnos un rato.








Diario (VII)

2/1/10

Para Hoy (01/01/2010)


Fuera de mi ventana… noche cerrada, punto final al primer día del año que acabamos de estrenar. Temperaturas suaves y olor a mar.
Estoy pensando... en que estamos (diré "estoy" para que mi media naranja no piense que le estoy llamando viejo) mayores para juergas de nochevieja. ¡Qué palizoooón!
Me siento agradecida por... Pues aunque la gente no hace más que quejarse de lo desastroso que ha sido 2009, yo le estoy agradecida por haberme regalado tantas horas de disfrute de mis hijos (¡todo el primer año de P.!); la oportunidad de reconducirme profesionalmente y de enriquecerme intelectualmente. 
Desde la cocina...un colacao nocturno antes de ir a la camita
Qué llevo puesto... Ahora sí... el pijama y ¡la bata!
Estoy leyendo... Unos textos de Sociología sobre los que tengo que preparar un comentario. También los blogs de algunos amigos, mis mails...
Lo que espero... Que 2010 nos traiga trabajo, confianza, alegría, paz interior y mucha salud para disfrutarlo todo.
Estoy creando... Lo dicho: los deberes del máster, cuando me dejan. Y la carta de los RR.MM de los peques, cuando no me dejan.
Estoy escuchando... a los padres y tíos de J. jugando a las cartas. Empezando el año con vicio, que se dice.
Por toda la casa...  Relativo orden dentro del caos. Decoración navideña, familia y como siempre, juguetes y más juguetes (aunque ahora no se sepa bien de quién es cada uno).
Una de mis cosas favoritas...Escribir cuando los demás duermen.
Algunos planes para el fin de la semana... Ir a encargar regalos de Reyes, comer roscón para ir abriendo boca, ¿escaparnos al cine?, pasear con los nenes cerca del mar...
Una foto para compartir: la sonrisa de un niño al abrir su regalo.





Maletas

29/12/09

Definitivamente, hacer maletas no se me da bien. Como diría una amiga rubia, “se me da bien estar en bata, procrastinar y perder una mañana en nosequé”, pero hacer maletas no es lo mío. Y sin embargo es lo mío. Mi santo tiene suficiente con colocar su kit de supervivencia en los escasos 20 cms cuadrados que le dejamos los demás y acostarse bien prontito para poder conducir en condiciones los casi 600 kilómetros que nos separan de nuestro destino. Eso es pragmatismo y lo demás tonterías.

Así que las maletas son lo mío aunque no lo sean. Y reconozco que me puede. Todos dicen que con el tiempo te vuelves más práctico, pero yo voy a peor a medida que la familia crece. Una semana antes ya tengo sudores fríos pensando en cómo el propósito inicial de “con la maleta grande nos apañamos todos” acabará convirtiéndose invariablemente en “una maleta grande más una maleta pequeña más catorce bolsos accesorios sin contar la bolsa de aseo o el DVD del coche”. Y es que poco importa que sea puente u "okupación" veraniega, el maletero se llena.

La emoción es aún mayor si, al tiempo que intentas concentrarte al máximo en prescindir de lo superfluo y en no olvidarte de lo importante, tienes a dos pocoyos entrando y saliendo de las maletas, preguntándote cuánto falta (¡si aún no hemos salido!) o dónde has guardado a la mamá de la familia de los ponys (y tú pensando que con una familia ya es bastante, como para tener controlada la de los ponys).

Eso sí, la satisfacción de que sean las once de la noche y hayas conseguido no colgarte de la lámpara antes de acabar… y hasta tener tiempo de contarlo en el blog sin que te den las uvas (eso pasado mañana) mientras todos duermen, es inversamente proporcional al nivel de adrenalina en vena de unas horas antes.

Felices vacaciones a los que salen, a los que están, a los que vuelven con maletas.

Y FELIZ AÑO para todos!!


Diario (VI)

25/12/09

Para Hoy (25/12/2009)
Fuera de mi ventana… noche lluviosa de un agradable día de Navidad
Estoy pensando...en que faltan apenas unas horas para que P. cumpla un año. Después de haber pasado ya por esto, me vuelve a parecer increíble la transformación de los primeros doce meses. También tiene algo de especial pensar que tal día como hoy aún estaba ¡dentro de mí! Como si intuyera algo de toda esta "nostalgia", lleva varios días super pegado a mí.
En eso, y en lo agotada que estoy después de todo.
De los lugares donde aprendemos...redescubrir la magia de la Navidad a través de los ojos de un niño (a ser posible el tuyo) es algo que nadie debería perderse.
Me siento agradecida por... todas las comiditas ricas que nos han preparado abu L. y N. estos días, por los villancicos de ayer hoy y siempre, por las risas de P., por los nervios de A., por brindar con salud, por los regalitos de Papá Noel, por los churros con chocolate, por la tarde de manta, sofá y Monstruos SA con A. y K.
Desde la cocina...cena rápida que está preparando J. mientras escribo.
Qué llevo puesto...pantalón negro, camiseta de cuello vuelto gris, calcetines.
Estoy leyendo... Releo trozos del Quijote mientras intento acabarme La elegancia del erizo (qué vergüenza, mil meses ya…) y acaricio la Nueva Gramática Española con la que Papa Noel me acaba de asegurar millones de horas de estudio.
Lo que espero...encontrar un lugar en mi ajetreada vida para “colocar” todas esas necesarias horas de lectura, para verme con viejas amigas, para descansar algo más… También espero disfrutar más y discutir menos con A.
Estoy creando...vacío creativo total en estos días. Ni Christmas hemos hecho… Para compensar mi parón, A. pinta y pinta sin parar con témperas y grandes pinceladas en un rollo de papel continuo del que vamos recortando trozos y colgándolos por las paredes de la cocina para dejarlos secar.
Estoy escuchando... las canciones de un petardo de peli animada que están poniendo en la tele.
Por toda la casa...Ahora sí, JUGUETES que literalmente hay que saltar para poder caminar. Urge orden y limpieza para poder hacer sitio a los “recién llegados”.
Una de mis cosas favoritas...Ver a los míos reír.
Algunos planes para el fin de la semana... Estaría más que bien DESCANSAR. Pero antes, tartita y vela para P., un cine que le he prometido a A.,y si hay tiempo haremos galletas.
Una foto para compartir:  un clásico para desearos a todos FELIZ NAVIDAD ;))




Lo que importa y lo que interesa

24/12/09


Asegura la Real Academia Española que una de las acepciones de importar es "Convenir, interesar, hacer al caso, ser de mucha entidad o consecuencia". Es decir, que importar es sinónimo de interesar. Que es lo mismo, en fin, decir que algo es importante o que es interesante.
Pues no. No para mí, ni tampoco para A. después de nuestra disertación navideña de esta mañana. Y es que algo puede ser importante de verdad, moral, ética, religiosa o culturalmente hablando y, sin embargo, no interesarte un carajo tal como me ha demostrado A., a quien una vez más yo trataba de enseñar algo y es ella la que me ha dado una lección, semántica esta vez.
A cuento de que hoy es Nochebuena y A. pegaba botes de alegría ante la inminente llegada de Papa Noel, yo le trataba de explicar lo que de verdad importa de esta celebración: es una noche especial, una buena parte del mundo celebra el nacimiento del Niño Jesús, nosotros nos juntamos con la familia, qué suerte tenemos de estar con nuestra familia, nos ponemos guapos, cenamos cositas ricas, cantamos villancicos… en fin, villancicos y lo que se tercie…
- “¡¡Y lo más importante!! – me interrumpe ella a voz en grito- ¡Viene Papa Noel!”.
Con cara de pez después de mi sermón de ocho minutos, la vuelvo a mirar y digo: “Oye A., no me has escuchado nada de lo que te he explicado… lo importante es…”.
- Que nooooo mamá!- me vuelve a interrumpir chillando- Que no digo que Papá Noel es lo más importanteeee. Digo que es lo más... (pausa para pensar la palabra adecuada) INTERESANTE”.

Silencio total. De nuevo mi cara de pez, pero sin nada que añadir esta vez.


Cuatro

2/12/09

Mi princesa cumple hoy cuatro años. Casi un lustro de vida ya, y por contra, qué breve período de tiempo para la enorme cantidad de aprendizaje que alberga. Siempre se ha hablado de lo mucho que aprendemos en el primer año de vida y de que, comparándolo con el resto de nuestra existencia, jamás volveremos a asimilar tanto conocimiento en tan pocos meses. Pero se dice poco del resto de la infancia. Y lo cierto es que son tantas las etapas cognitivas y emocionales que atraviesa un niño en sus primeros 6-7 años de vida y tanta la influencia de esos años en lo que viene después, que no debería dejar de asombrarnos.


Cuenta Eduard Punset que recientemente se ha descubierto una correlación entre la duración del período de aprendizaje en la infancia – “una hora en los polluelos, meses en los cuervos, años en los humanos”- y el nivel de inteligencia en la edad adulta. Y se refiere a la psicóloga Alison Gopnik para advertirnos de que una especie que pasa sus primeros siete años cultivando el juego y la imaginación no está perdiendo el tiempo. Al parecer, explica Punset, la imaginación no es algo que desarrollamos sólo para divertirnos, sino que está estrechamente conectada a la manera en la que después comprendemos la estructura del mundo.

Ya Piaget apuntaba algo de todo esto. Y de él también nos hablaron en la escuela infantil de A. cuando nos explicaron el método constructivista en el que basaban su enseñanza. “El niño, en sus primeros años, necesita desarrollar el conocimiento descubriendo el mundo a través del juego y de los sentidos”. O algo así. Nada de fichas o libros. JUEGO. El caso es que, casi sin quererlo, hemos procurado para A. todo este entorno flexible y favorable para un aprendizaje sano, feliz e imaginativo.

Ahora, con el inicio de la escuela pública, su día a día está más sujeto a normas, horarios y obligaciones. Pero creo que mucho de todo ese afán por descubrir, por transformar, por fabular…; mucha de esa inocencia que nos debería acompañar de por vida, sigue dentro de ella.

…y es que son sólo cuatro añitos…

En el ecuador de esta fascinante etapa que es la primera infancia, A. es una niña despierta, imaginativa, curiosa y muy lista. Tiene carácter, y eso hace que lo más cotidiano se vuelva difícil con ella. Pero cada noche, cuando llega la calma, me enorgullece pensar que de mayor tendrá las ideas claras.

¡Feliz cumpleaños chiquitina!




Las vacas son hadas

1/12/09


A A. no le gusta que me ría de sus chispazos lingüísticos. Esos malentendidos del discurso, o malinterpretaciones del significado de algunas palabras que a los adultos nos hacen sonreír a veces y reír a carcajadas la mayoría de las ocasiones, a ella empiezan a causarle pudor. Yo lo respeto y por eso voy a contarlo con suma seriedad. Aunque he pensado mucho sobre esto en los últimos días, he decidido no dejar de plasmar estas escenas divertidas porque sé que algún día agradecerá que no se hayan perdido en mi memoria y ella también reirá conmigo.
La de hoy va de vacas, de vacas-hadas para ser exactos. Y ahora que lo pienso, la culpable de la ocurrencia he sido yo, al omitir en mi explicación una información importante para ella.
Estábamos acabando de cenar y yo preparaba el bibe de P., cuando A. me ha dicho: -“Mamá, ¿a que yo bebo leche de las vacas? “Claro, cariño, primero tomabas leche de mamá y ahora tomas leche de vaca” - le he contestado.
-“Sí, y P. toma leche de Nenuco”, me ha dicho ella sabiendo que decía una tontería para hacerme reír.
Y entonces, muy en mi papel de madre educadora que entabla conversaciones provechosas con su hija, me he lanzado a explicarle de dónde procede la leche de los bibes de P., primero sin muchas ganas y después, al ver que ella me atendía con interés, con más entusiasmo:
- “Verás A., la leche de P. también viene de la vaca; lo que pasa es que cuando sale de la vaca, la convierten en polvitos y le añaden vitaminas y cosas (por no decirle porquerías) para que luego podamos hacer los bibes…”. La veía tan concentrada que he estado a punto de seguir con lo de que, a pesar de todo, la leche en polvo nunca será igual que la leche de mamá, pero entonces ella me ha interrumpido, como siempre muy segura de la conclusión a la que había llegado:
- “Mamá…si es que… ¡las vacas son hadas!
- “¿Hadas, por qué hija?”
- Pues por todo eso que hacen, ¡¡de convertir la leche en polvitos…!!

Esta vez no me he reído. Sólo esbozando una sonrisa le he dado un beso grande y le he explicado que todo eso no lo hacen las vacas sino las personas. Aunque creo que la he decepcionado. Mola mucho más imaginarse a vacas convirtiendo su propia leche en botes de polvitos a golpe de varita mágica.


Diario (V)

27/11/09



Para Hoy (27/11/2009)

Fuera de mi ventana… sol y al fin algo de frío
Estoy pensando...en el tiempo todavía. No el que predicen los meteorólogos, sino ése que pasa y no vuelve. El que rige nuestras vidas desde que nos levantamos hasta que nos acostamos; desde que nos vamos hasta que volvemos; desde que nacemos hasta que morimos. Ese tiempo que es nuestro y que no importa cuando empiece o en la dirección que vayas, siempre podrás hacer con él lo que quieras, menos pararlo. Vi El curioso caso de Benjamin Button esta semana y me dejó pensativa acerca de éstas y otras obviedades. “No matter when time starts…”. Qué bonita… Por eso y porque A. cumple 4 años en unos días, estoy “tiemposa”.
De los lugares donde aprendemos...otro descubrimiento enriquecedor. Esa chica que comparte conmigo el privilegio de asistir a las clases de Didáctica de M. es la mismísima hija de Eduard Punset y autora de varios libros interesantísimos sobre inteligencia emocional que no pienso perderme.
Me siento agradecida por... las cañitas que me tomé con A. en el Reci mientras su amiga leía esos textos maravillosos contra la violencia de género. Hacía mil años que no salía.
Desde la cocina...zumito y tostadas
Qué llevo puesto...el pijama,claro. Y descalza
Estoy leyendo... Inmigración y escuela. Un documento para debatir hoy en clase. Ya, ya, super apetecible. Y ando buscando Disciplina con amor, de Rosa Barocio, para “domesticar” a mi fierecilla.
Lo que espero...aclararme con el powerpoint y presentar cuando antes el trabajo de Psicología para poder dedicarme a cosas mejores.
Estoy creando...más de lo mismo. Y las invitaciones para el cumple de A.
Estoy escuchando... el pitidito de una pelota electrónica de P. que se ha rayado y no consigue pararla el pobre.
Por toda la casa...Juguetes, dibujos de A., papelitos que recortó anoche, libros y papeles en mi mesa y algunas fotos por colgar en unos marcos de pared.
Una de mis cosas favoritas...Que P. me regale una siestecita cualquier día de la semana.
Algunos planes para el fin de la semana... para mí más clases, para mis chicos más cuentacuentos en la biblioteca, comidita con los abus, y el domingo si hace bueno, salir a tomar el aire por ahí.
Una foto para compartir: La de hoy es un anhelo de volver a pasear por un bosque en otoño.




Galletas

23/11/09

La semana pasada hicimos galletas. En realidad yo nunca las había hecho antes, pero se lo había prometido a A. el día que compramos los moldes de nombre impronunciable en la tienda sueca azul y amarilla. Y, ya armados de moldes navideños, nos armamos también de valor y convertimos la mesa de la cocina en escuela de pastelería. Volcán de harina y azúcar, huevo en el medio, un buen puñado de mantequilla… ¡y a mancharse las manos! (las manos, la ropa, la mesa…).
Hasta aquí la parte pringosilla. Después vino la de impaciencia mientras la masa reposaba en la nevera. “¿Y ahora qué vamos a hacer mamáaaaaaa?”, preguntaba mi princesa como si el mundo se acabara cuando una termina de hacer galletas.
Y al fin, la parte más divertida: rodillo, moldes y cómo no, la manita de pintura comestible. Porque oye, nosotras de amateurs nada de nada. Si nos ponemos, nos ponemos. Profesionales cien por cien, allí habíamos preparado nuestros vasitos de glaseado de colores (con colorantes alimentarios de repostería) para, pincel en mano, decorar las galletitas. ¡Y qué bien las decoramos! En realidad A. lo hizo casi todo sola.
Pero, oh desliz. Cual primerizas que somos, no habíamos considerado la posibilidad de que el glaseado dentro del horno no se endurece sino que se funde. Así que el invento se fue al garete en cuestión de cinco minutos.
La segunda tanda, ya sin decoración ni colorines, superó la prueba. Galletas redondas, mondas y lirondas que, aunque duras como piedras, nos comimos tan a gustito.








Diario (IV)

13/11/09



Para Hoy (13/11/2009)
Fuera de mi ventana… Sol de un día templado de otoño. Mis preferidos
Estoy pensando...en si el hecho de haberme comprado los apuntes ya me convierte en opositora. O sólo en loca que no sabe dónde se mete.
De los lugares donde aprendemos...hoy un ciberdescubrimiento. La página de unos amigos que han hecho de un hobbie artesano una forma de vida y un blog delicioso: http://acadadiasupan.blogspot.com/
Me siento agradecida por...ser dueña de mi tiempo. Aunque no sea del todo cierto.
Desde la cocina...el olor de la riquísima comida de P.
Qué llevo puesto...vaqueros, camiseta blanca, chaquetita azul y cómo no, mis Converse de estudiante :))
Estoy leyendo... A Piaget, Ausubel, Bruner… ya pronto me espera la LOE, todo un planazo.
Lo que espero...conseguir disfrutar de toda esta aventura sin estresarme.
Estoy creando...un trabajo para psicología, ¿qué si no?
Estoy escuchando... el pianito de P. con esa musiquita celestial pero machacona.
Por toda la casa...Milagrosamente ORDEN.
Una de mis cosas favoritas...Esperar a mi niña a la salida del cole de lunes a jueves. Compartir un rato con las mamis del parque.
Algunos planes para el fin de la semana... clases, compra, ¿descanso? Para los peques cuentacuentos y, si me animo, quizá hagamos galletas en el horno.
Una foto para compartir: La última creación de A. en la cocina: ¡empanadillas caseras!




Casi once

12/11/09

Meses, claro. Hoy dejaré a un lado la báscula, para hablar sobre P. sin más. Ahora que entramos en la recta final de su primer año, ese gran hito en la vida de cualquier personita, no puedo dejar de contar la experiencia que supone observar día a día su evolución. Sus progresos y descubrimientos; sus desplazamientos meteóricos por toda la casa; su afán de exploración; su mirada audaz…

Cuando escribo esto, no puedo evitar acordarme de ese maravilloso texto que exaltaba la profesión de madre, y en el cual la protagonista, al ser preguntada por su profesión, se definía a sí misma como “Investigadora Asociada en el campo del Desarrollo Infantil y las Relaciones Humanas”. ¡Me encanta! Me quedo con el cargo. Y en calidad del mismo, siguiendo con la coña, paso a dar cuenta de los avances de nuestro “nuevo modelo experimental del Programa de Desarrollo Infantil”.

A punto de cumplir 11 meses, P. es un niño FELIZ. Y lo pongo así con mayúsculas porque no es el clásico adjetivo que describe la felicidad de la infancia de forma abstracta. No es felicidad-estado, sino felicidad-rasgo. Es esa felicidad que lo impregna todo. Es la sonrisa con la que amanece, se acuesta, saluda a los conocidos o recibe caras nuevas. Es el aire triunfal con el que te mira cuando consigue algo que perseguía; la carcajada con la que agradece que te rías con él; la libertad con la que se marcha por el pasillo arrastrando su juguete favorito (mi ratón del ordenador); la satisfacción con la que, tras varios intentos consigue mover su manita diciendo adiós, o quitarle los tapones a las botellas de leche que guardamos tras la puerta de la cocina; el agradecimiento con el que recibe cada plato de comida, primero con los ojos, después con la boca… Definitivamente P. es un niño feliz.

Ahora que sabe levantarse y desplazarse agarrado a los muebles, agacharse a coger objetos (los que él mismo tira una y otra vez), apartar aquellos que le estorban en su camino, y ha conseguido descubrir todos aquellos rincones peligrosos que teníamos en casa sin saberlo, se puede decir aquello de “tengo un pequeño terremoto”. Pero lo cierto es que está gozando de una de las etapas más fascinantes de la vida, que es la de explorarlo todo: su cuerpo y su entorno. Aunque en el proceso esté machacando la espalda de más de una… Menos mal que la baba, al menos, se me cae cómodamente mientras me agacho una y otra vez.





De niñas que querían ser princesas

4/11/09


La ilustración es de Luciana Carossia  (http://www.lucianacarossia.com.ar/)

No sé bien a qué etapa del desarrollo corresponde, ni qué opina Freud del asunto, pero tarde o temprano todas las niñas quieren ser princesas.Y lo grave no es eso: se visten como tales, se mueven con elegancia, devoran pelis de Disney, te piden las pinturas para disfrazarse... Lo grave es ¡¡que quieren casarse!! Con un príncipe nada menos… Y qué príncipe… (Sin duda el que más las va a querer durante toda su vida, aunque ellas les pondrán los cuernos mucho antes de darse cuenta…)
Doy fe de que a A. le ha llegado ese momento y de que a alguno por aquí se le cae la baba a chorros. El mismo que la otra noche, mientras le ponía el pijama a su nena le iba diciendo: - “¡Ay, mi chiquitina! Un día te vas a convertir en una chica muy mayor, muy guapa y muy lista… y encontrarás a un chico que te querrá mucho…”. A lo que su pequeña chica lista le contestó con una risotada. - “Que noooooo… ¡Qué dices, papá!”, le interrumpió antes de escuchar más tonterías. “Si yo me voy a casar contigo”, sentenció.
- “Bueno A., eso lo dices ahora, pero luego encontrarás a un chico que te cuidará y te querrá mucho”, le intentó explicar él, en vano.
- “Ay, papá, no digas tonterías. - A. se reía con compasión. Definitivamente papá no se enteraba de nada- ¡Que yo me caso con-ti-gooooo! Yo soy la princesa y tú eres el príncipeeeeeee”.

Me estaba preguntando qué pensará cuando lea esto dentro de diez años… y lo peor: qué pensaremos nosotros.